No teniamos...

No teniamos mas lágrimas, el viento nos secó los ojos, la tierra calló nuestra boca, ¿donde estamos?, quizas allá, pero nadie lo sabe...

13/06/2013

Un guiño a la historia XXI: Ramon Gonzalez Sanmarti "El nano", la vida en la lucha...

El 26 de mayo - otras fuentes citan el 25 de junio - de 1920 nace en Granollers (Vallès Oriental, Catalunya) el anarcosindicalista, anarquista y resistente antifranquista Ramón González Sanmartí - el segundo apellido citado a veces com Sanmartín -, también conocido como El Nano de Granollers o Salvador Soler Santamaría.
En 1933, cuando todavía era un aprendiz, se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En estos años trabajó en la fábrica de tejidos de algodón de Roca Umbert de Granollers. Durante los hechos revolucionarios de octubre de 1934 fue detenido y encerrado unos meses. Una vez libre en 1935, entró a formar parte del primer Comité de Granollers de las Juventudes Libertarias y en mayo de 1936 representó la comarcal del Vallès Oriental de éstas en el Pleno Regional de Badalona.
Participó en los combates en las calles en las jornadas de julio de 1936 contra el levantamiento fascista y fue nombrado miembro de los comités locales de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). En octubre de 1936 marchó al frente de Aragón en la milicia de Ginés Mayordomo que se integró en la «Columna Roja y Negra», que luego pasaría a ser la 28 División («División Ascaso»). Tras la decisión del general Sebastián Pozas, comandante del Ejército republicano del Este, de licenciar los combatientes menores de edad, regresó a Granollers donde retomó diversas tareas de organización.
Con el hundimiento del frente de Aragón, en abril de 1938, con otros compañeros de las Juventudes Libertarias, se encuadró en la 26 División (antigua «Columna Durruti»), entonces dirigida por Ricard Sanz García, en la que luchar en varios combates en las comarcas del Pallars Jussà y la Noguera (Sant Corneli, Sant Romà d'Abella, pantano de Camarasa, etc.). Con el triunfo franquista, participó en la operación de la Retirada y febrero de 1939 cruzó los Pirineos y fue encerrado en varios campos de concentración (Vernet, Agde, Barcarès, Argelers y Sant Cebrià).
Huyendo de los campos se alistó en la Legión Extranjera, destinado en Marruecos enfermó y fue licenciado. De nuevo en Europa, fue detenido por los nazis en Toulouse como ex combatiente y enviado para hacer el Servicio de Trabajo Obligatorio (STO) alemán en Sète (Languedoc, Occitania). Pudo huir y entró a formar parte de la resistencia, como enlace con la CNT clandestina.

Después de la Liberación, participó activamente en la reorganización y en la estructura orgánica de la FIJL. Integrado en los grupos de combate antifranquistas, realizó diversas incursiones en Catalunya con los grupos de Josep Lluís Facerías (Face) - eran cuñados -, de Celedonio García Casino (Celes) y, ocasionalmente, de «Los Maños». El 31 de mayo de 1947, con Juan Cazorla Pedrero y Pedro Adrover Font (El Yayo), expropiaron 18.000 pesetas de la fábrica Roca Umbert donde él había trabajado. El 12 de julio de 1947 intervino con otros compañeros en la ejecución del confidente de la policía franquista Eliseu Melis Díaz. El verano de 1947 se integró en el Movimiento Libertario de Resistencia (MLR). A principios de noviembre de 1947 se internó clandestinamente en la España franquista con Josep Lluís Facerías, Juan Cazorla Pedrero (Tom Mix), Francisco Ballester Orovigt, Celedonio García Casino y Domingo Ibars Juanias. A principios de marzo de 1948 cruzó los Pirineos, con Juan Alcacer Albert, como delegados del FIJL con el fin de presentar informes a la organización del exilio.
Ramón González Sanmartí murió de un tiro en la frente el 13 de junio de 1948 en una emboscada en las calles Talleres, Valldonzella y plaza Bonsuccés de Barcelona perpetrada por la policía cuando participaba en una incursión guerrillera, en esta acción pudieron huir Raúl Carballeira, Víctor García y Juan Cazorla, aunque este último herido de bala en el intestino.

28/05/2013

Un guiño a la historia XX: Xosé Tarrío, un desobediente asesinado por la cárcel

Xosé Tarrío es un histórico preso anarquista que falleció en el hospital intentando recuperarse del daño que terminó de causar en él el campo de exterminio de Teixeiro, en el año 2005 aunque no fue ésta su única desdicha. Escritor del libro "Huye, hombre, huye: diario de un preso FIES", Xosé Tarrío nace en 1968 en A Coruña, en el conflictivo barrio de Kananga. Su padre era un borracho y un maltratador que martirizaba a su madre, que tenía serios problemas para trabajar y mantener ella sóla a sus 5 hijos. A los once años, por los problemas familiares causados por la conducta de su padre, es internado en un colegio del Opus Dei, del que se escapará dos veces debido al autoritario y ultrarreligioso carácter de los profesores, muy dados a las palizas y el castigo físico. Tras ser retirado del colegio, con catorce años, comienza a realizar pequeños robos para intentar ayudar a su familia que lo conducirán al reformatorio de Palavea un total de doce veces, huyendo las doce y continuando con posterioridad con sus pequeños robos que terminarán por enviarlo por orden judicial al Reformatorio Especial de Educación y Orientación, donde permanece hasta los dieciséis años. Sale y continua con sus acciones para poder sobrevivir, sumando a ésto la lacra de su caída en el triste mundo de la droga a la temprana edad de 17 años, con su familia emigrada en Suíza (aunque posteriormente volverían a Coruña) y siendo éstos unos años de serias dificultades para él de las que desgraciadamente no encuentra otra forma de evadirse. Es detenido tras un pequeño robo y condenado a 6 meses de prisión por el juez, que cumple íntegros al no poder pagar la multa. Tras salir de su encierro, pasa otro año malviviendo para volver a la cárcel a cumplir otra condena de dos años, cuatro meses y un día por un robo sin violencia y será tras ésta condena cuando su infierno comience.
Al poco de ingresar, su tío, que conoce la adicción del joven a la heroína, le recomienda encarecidamente que se haga las pruebas médicas para comprobar si tiene SIDA y tras descubrir que sí, el joven se derrumba. Tardará varios años en decírselo a su madre, a la que ama y estima siendo ella la única figura que le dió cariño cuando era un niño, pero Xosé ya sabía que aquella era su sentencia. Con poco más que la mayoría de edad, con SIDA, adicto a la heroína y con toda una vida de palizas, odio y exclusión que habían convertido su corazón en un cúmulo de resentimiento y rabia hacia la suci... digoo, sociedad del bienestar.
Pero lejos de terminar ahí sus problemas, al poco tiempo recibe la dolorosa noticia de la muerte de su primo al que él apodaba Lute, con el que Xosé tenía un fuerte lazo. Aún no se había recuperado de esta muerte y cuando llevaba todavía un año en prisión, su corazón es acuchillado de nuevo cuando se entera por un amigo suyo que su compañera sentimental, de nombre Isabel y de tan sólo 17 años de edad, se había matado en un accidente de moto. Hundido, apenas encuentra una sonrisa para conocer al que será el 6º de lxs hermanxs, Marcos, que nace mientras él está en prisión y al que Xosé verá por primera vez a través del gélido cristal del locutorio de la cárcel.
Xosé ya no encontraba razones para seguir en este mundo pero todavía guardaba un fuerte apego por aquellxs que verdaderamente consideraba sus amigxs. Un día, un preso de la cárcel que tenía fama de navajero, desafió tras un leve choque a Lolín, gran amigo de Xosé en la cárcel, a un duelo de navajas y Xosé, que conocía la reputación del adversario de su amigo, intentó advertir a éste pero Lolín no le hizo caso. Xosé conocía al otro preso porque ya había acuchillado a otro amigo suyo en la cárcel de Teruel, algo por lo que Xosé le guardaba un fuerte rencor. Por éso, un día en el que coincidió en el patio con el preso en cuestión, Xosé le propinó un navajazo en el estómago con la intención de llegar a las tripas, a fin de no causar una herida demasiado grave pero poder salvar a su amigo (Xosé mismo pidió a un amigo suyo más adelante que lo acuchillase en el estómago, sabiendo que no moriría y sería así trasladado al hospital, donde intentaría una fuga). Sin embargo, los nervios le juegan una mala pasada a Xosé que accidentalmente, clava la navaja alcanzando la aorta abdominal y mata a su víctima.
Es juzgado y el juez no tiene piedad, desestimando la alegación de Xosé que afirma que no pretendía matar a su víctima y aprovechando para sumar al cargo de homicidio, todos los atracos anteriores cuyo juicio había quedado pendiente al entrar en la cárcel. Al final, Xosé se junta con una condena que roza los 200 años.
Paradójicamente, ésto fue para Xosé un soplo de confianza en sí mismo y decide recuperar el ritmo de su propia vida. Xosé tras un duro esfuerzo abandona una por una todas las drogas, desde la heroína hasta el alcohol e incluso el tabaco. Coge el hábito de realizar ejercicio físico diariamente y comienza a interesarse por la conciencia política, aprovechando las visitas para pedir a sus amigxs y familiares que consigan los títulos por los que siente curiosidad. A pesar de que en un comienzo se inclina hacia el independentismo gallego Marxista-Leninista, termina por adquirir una fuerte convicción anarquista, que reflejará luego en su libro "Huye, hombre, huye: diario de un preso FIES", sin duda, un duro testimonio que refleja de primera mano la dureza de la vida en prisión para alguien como Xosé y es sin duda uno de los más representativos, no distinguiendo Xosé en ningún momento de presxs políticxs y presxs comunes. Ésto lo convirtió en un claro ejemplo de lucha anarquista contras las cárceles.
Llevaba 16 años de talego (interrumpidos sólo 3 días por una audaz fuga de Xosé y su amigo Redondo, en
la que por cierto, tras tenerlos a su merced, se apiadaron de 2 guardias civiles que habían sido heridos en un tiroteo con éstos, perdonándoles la vida), cuando sin comerlo ni beberlo, vió todas sus condenas reducidas a una sóla de 20 años y como Xosé llevaba ya cumplidas las tres cuartas partes, salió libre.
Una vez en la calle, Xosé decidió vivir en consecuencia con las ideas con las que se había identificado leyendo en la cárcel y tras pasar por el colectivo anarquista "La oveja negra", el único de Coruña, se mueve por todo el Estado colaborando aquí y allá con varias organizaciones autónomas dejando claro que no le gustaba encasillarse en ningún grupo y prefería colaborar con todos los que podía, demostrando una militancia y compromiso admirables.
Su salud era brillante y parecía un hombre nuevo cuando la adversidad volvió a llamar a su puerta. Poco a poco, la relación con su nueva compañera sentimental mostró su resentimiento por la tensión que ésta venía arrastrando al comenzar bajo estricta vigilancia. Finalmente se rompió tras dos años de relación y Xosé, vió cómo todxs sus amigxs de la infancia y de sus últimos años en la calle habían terminado a su vez en prisión o habían muerto, víctimas del mismo abrazo de la muerte del que él había logrado escapar. Muchas fueron por aquel entonces las familias rotas y las generaciones perdidas entre veneno y jeringas en el coruñés barrio de Kananga. A causa de ésto, Xosé termina estrechando buenas amistades con chavales bastante más jóvenes que él y que a pesar de que también lo aprecian, no pueden comprender el fuerte dolor que ha marcado su alma a fuego pues no podían entender lo que se siente tras 16 años de talego, 11 de aislamiento y 9 de régimen FIES y menos, si sumamos a ésto todas las hostias que la vida dió a Xosé tanto antes de la cárcel con las palizas que su padre les daba a él y a su madre y el maltrato tanto físico como psicológico del colegio, el fuerte impacto del reformatorio con tan sólo 11 años y la droga con 17 como dentro de ella, con la muerte de su primo y de su compañera sentimental así como lo sufrido tras la condena, de saber que muchxs de sus amigxs habían muerto y el tener que afrontar una vez más la soledad al romper con su actual pareja. No podían, ningunx de nosotrxs puede, yo sólo puedo contar su historia pero para comprender la agonía que oscurecía lo más profundo de su corazón, es necesario padecer lo que él había padecido.
Tanta adversidad tuvo un duro efecto en la moral de Xosé, que fue minada por completo y terminó por engancharse de nuevo a la droga, en este caso, la cocaína, una vía de escape de relativamente fácil acceso en el lado oscuro de las calles cuando quieres dejar atrás tu alrededor, generando una vacía felicidad química que termina por destruírte.
Debido al cada vez más intensivo consumo de esta sustancia, la salud de Xosé, ya delicada por el SIDA, se resiente fuertemente y sufre una extrema pérdida de peso además de volverse reservado y encerrarse en sí mismo. En ésta situación es detenido nuevamente por la policía nació-mal y llevado a dependencias policiales donde se le retiene acusado de tres robos. Durante los tres días que pasa en los calabozos, Xosé sufre duras torturas por parte de los agentes, que lo fuerzan a reconocer su culpabilidad en los robos que él no había cometido pues como ha verificado su madre varias veces además de varixs vecinxs que lo habían visto, Xosé se encontraba comiendo con ella cuando dos de los tres robos que se le imputaban tuvieron lugar. Los interrogatorios además, se limitaban a sonsacar a Xosé, haciendo uso éso sí de sus siempre democráticos métodos de intimidación y violencia, información acerca de las organizaciones anarquistas con las que había mantenido contacto y las actividades de éstas, obviando por completo el tema de los robos por el que se suponía que se encontraba detenido. La policía causó a Xosé un corte en el brazo que fueron necesarios 60 puntos de sutura para cerrar y que al coger al filo de la vena del brazo, hizo que perdiera mucha sangre. A pesar de ésto, lxs agentes dijeron que el corte se lo había hecho él al autolesionarse y en lugar de llevarlo al hospital, avisaron a un "enfermero" que acudió a comisaría para hacerle una chapuza de mala muerte en el brazo.
La mala fé de lxs perrxs del sistema quedó manifestada en el juicio en el que una testigo reconoció que los policías acudieron a su tienda a enseñarle una única foto de Xosé preguntándole directamente si se trataba del atracador y ella, les dijo que sí a pesar de que Xosé tenía 36 años y ella había reconocido anteriormente que el atracador aparentaba "veintipocos". Decir que es ilegal esta práctica, la de llevar una única foto en lugar de mostrar lxs principales sospechosxs. Además, los polis que llevaban la investigación no acudieron al juzgado a pesar de ser llamados varias veces por la jueza.
A pesar de todas las irregularidades y lagunas presentes en el caso, la jueza declaró culpable a Xosé de los 3 robos y le cargó diez años y medio de condena algo que fue un duro golpe para la ya destrozada moral de Xosé que tras salir del infierno, veía cómo se precipitaba de nuevo hacia él sin remedio.
Más adelante, 28 de Junio del año 2004, Xosé sufrió un infarto cerebral en la enfermería de la cárcel de Teixeiro donde, sea dicho de paso, lo habían diagnosticado de gripe que se había visto agravada por el SIDA, y ésto lo lleva al hospital Juan Canalejo de A Coruña, donde ingresa para, tras una leve mejoría regresar a la cárcel de Teixeiro. Pero su salud no tarda en volver a caer en picado y es excarcelado y devuelto al hospital donde ingresa con la mitad del cuerpo paralizada, problemas para mantener el conocimiento y una pérdida del habla. A pesar de que se le concederá la libertad condicional, Xosé nunca más volverá a salir del hospital. Entra en coma profundo el 20 de Octubre y finalmente, muere el Lunes 3 de Enero del 2005 por una parálisis cerebral.
Xosé es hoy un símbolo de la lucha anarquista contra las cárceles y un ejemplo de cómo un alma rota por la vida puede en determinados momentos, encontrar la fuerza para seguir luchando, luchando por encontrar un poco de luz en el infinito oscuro que es la cárcel. Sí, sí amigxs míxs, de éso murió Xosé. No fue de un infarto cerebral, no fue de gripe, no fue de SIDA. Fue de pena. Xosé Tarrío murió de cárcel. Así se llamaba su enfermedad, cárcel. Pena, dolor, rabia, odio, absurdo, silencio, palizas, golpes, marginación, exclusión, drogas, soledad, encierro, muerte. Ésa fue su vida, la vida de un niño maltratado que intentó sobreponerse a las dificultades saltándose la ley, aprendiendo desde muy pequeño que obedecer no siempre garantiza la piruleta.
Xosé Tarrío, aunque no tuve el placer de conocerte, hoy mi corazón grita por tí, por tí va lo del sábado. Quiero dejar clara una cosa y no exageraré al decir que las lágrimas de rabia y pena que ahora mismo cruzan mis mejillas, no son producto de saber que jamás podré discutir sobre anarquía con Xosé. No. Si estoy llorando ahora mismo es porque no puedo soportar que otra mirada se haya desvanecido luchando para que ahora, a la gente, le importe más un resultado de fútbol que el mismísimo futuro del mundo. Desde aquí juro que más temprano que tarde, hasta el/la últimx bastardx de la autoridad arderá junto con su opulencia y su abuso de poder.

"Si me preguntaran qué es la cárcel os respondería sin dudar que es el basurero de un proyecto socio-económico determinado, al cual arrojan todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad: por éso la cárcel alberga principalmente pobres..." (Palabras de Xosé Tarrío)

XOSÉ TARRÍO, AUNQUE LA SOLEDAD TE DESTRUYÓ, SIEMPRE TENDRÁS UN SITIO EN NUESTROS CORAZONES. SIEMPRE PRESENTE...
QUE VUELEN ALAS NEGRAS DE LIBERTAD Y ROMPAN MUROS Y CADENAS...
¡¡¡ABAJO LOS MUROS DE TODAS LAS PRISIONES!!!
MUERTE AL ESTADO Y VIVA LA ANARQUÍA

RECOMENDAMOS:

Libro - Xose Tarrio - Huye, hombre, huye... - Editorial Virus - ISBN: 978-84-88455-45-1

Video - Fugarse del infierno - haz click aqui

08/02/2013

Un guiño a la historria XIX: Mateo Morral, unas flores con sorpresa...

Mateo Morral nació en Sabadell provincia de Barcelona en el 1880. Era hijo de un empresario textil. Fue un estudiante muy brillante, dotado para el aprendizaje de idiomas: conocía perfectamente el francés y el inglés a los dieciséis años. Al finalizar sus estudios secundarios, y como mucho de los estudiantes burgueses de un cierto nivel económico en la época, se fue a Alemania, donde aprendió rápidamente el alemán y se licenció en ingeniería mecánica, aunque también se impregnó del pensamiento de Nietzsche y del ideario anarquista, especialmente de la corriente neomalthusiana. A su vuelta en 1902, reactivó primero el maltrecho negocio familiar y luego viajó como representante comercial por toda España, pero las ideas libertarias ya habían calado hondo en él y se enfrentó con la familia, al mismo tiempo que enseñaba los obreros de la fábrica de su propio padre, quien lo apartó de la empresa y de la familia al poco tiempo. Como consecuencia de las riñas con su padre, este le dio diez mil pesetas para que se estableciera por su cuenta, pero Mateo, fiel a sus ideales, marchó a Barcelona, donde desempeñó el cargo de secretario de la Cooperativa anarquista barcelonesa, y al poco tiempo entró a trabajar como traductor y encargado de la biblioteca de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia.
Mateo Morral Roca era un anarquista de acción, partidario de la denominada propaganda por el hecho, es decir, el uso de la violencia terrorista como medio propagador de las ideas libertarias e instrumento de lucha contra el sistema capitalista.
Los atentados anarquistas buscaban la conmoción general de la sociedad, la concienciación de las masas y, ante todo, la denuncia de las graves desigualdades sociales. Cualquier acontecimiento social en el que participaran las autoridades o las clases dirigentes, la aristocracia y el clero, eran ocasiones propicias para revelar la realidad social del proletariado y difundir las ideas anarquistas. Los enlaces reales o las ceremonias religiosas eran buenas situaciones para ejecutar estos fines.
El 31 de mayo de 1906 Alfonso XIII contraía matrimonio con Victoria E. de Batterberg. Cuando la comitiva real se disponía a salir de la calle Mayor, desde el número 88, un hombre arroja un artefacto explosivo en un ramo de flores. La pareja real resulta ilesa pero la explosión provoca una masacre alrededor de la carroza.
El autor, Mateo Morral, consiguió huir de la pensión desde donde lanzó la bomba y donde dió sus verdaderos datos. Se dirigió a la redacción del Diario El Motín, donde preguntó por el director quien con ayuda de unos amigos consiguió sacarlo de Madrid.
Durante el proceso no pudo demostrarse relación alguna anterior entre ellos, solo que el periodista escribió en su periódico “que llegaba a considerar de más baja condición moral al delator que al asesino.”
Así llegó Mateo hasta Torrejón de Ardoz donde se detuvo hambriento en una posada. Los venteros asombrados por el aspecto que presentaba y por su mano vendada, datos que los periódicos facilitaban, avisaron a la Guardia Civil. No tardaron en presentarse tres agentes. Al pedirle uno de ellos que le acompañara, no opuso resistencia, pero al alejarse de la venta sacó un arma disparando contra el guardia y a continuación a sí mismo en el pecho.
No se consiguió vincular ningún sindicato ni organización anarquista con Morral, a pesar del gran número de detenidos y del grosor del sumario. La fiscalía intentó, por todos los medios, involucrar al pedagogo catalán Francisco Ferrer y Guardia, creador de la Escuela Moderna en la que Morral había sido bibliotecario. Este, libertario emblemático de fama internacional (Man Ray exportó a EE.UU. su proyecto pedagógico), sería cabeza de turco y, si en esta ocasión consiguió desligarse, fue fusilado tres años después, acusado de incitación a la Semana Trágica, cosa que nunca se probó, provocando protestas en toda Europa, lo que hizo caer el gobierno de Maura.
El atentado en sí, sus consecuencias, y el final de Mateo Morral provocaron una gran conmoción en la opinión pública, pero especialmente entre los intelectuales y escritores modernistas, pues el libertario catalán, en su breve estancia en Madrid, acudió con frecuencia a las tertulias modernistas, hasta tal punto que, según cuenta Ramón Gómez de la Serna, la víspera del atentado estuvo presente en la horchatería de Candelas en la calle de Alcalá.
En La Horchatería de Candelas en la calle de Alcalá se reunían por aquel entonces los escritores y artistas modernistas del momento: Azorín, Ricardo Baroja, Valle-Inclán, Pío Baroja. De entre todos ellos, Pío Baroja es el que más recuerdos nos ha dejado sobre el libertario catalán y sus andanzas por Madrid. De hecho, el atentado de la calle Mayor y la posterior huida de Morral le inspiraron al escritor una novela, La dama errante (1908), de ahí que los recuerdos barojianos acerca de este hombre de acción sean muchos. Décadas después, en sus memorias redactadas en la postguerra, recordaba así a Mateo Morral y su paso por el local de la calle de Alcalá:
”El año 1906 fue el atentado de Mateo Morral en la calle Mayor contra los reyes. Este atentado nos produjo una impresión extraordinaria. Creo que también la produjo en Madrid y en España. Todo el mundo se preguntó qué objeto podía tener aquello. Por lo que nos dijeron, Mateo Morral, el autor del atentado, solía ir a la cervecería de la calle de Alcalá donde nos reuníamos por entonces varios escritores. Parece que le acompañaban Francisco Iribarne, un tal Ibarra, ex empleado del tranvía y luego tabernero, y un polaco Dutrem Semovich, viajante o corredor de un producto farmacéutico llamado la Lecitina Billón. Ibarra estuvo preso después del crimen. El polaco e Ibarra recuerdo que tuvieron una noche un gran altercado con el pintor Leandro Oroz, que dijo que los anarquistas dejaban de serlo en cuanto tenían cinco duros en el bolsillo.”
(Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino, Biblioteca Nueva, Madrid, 1949, pág. 790)

Por su formación intelectual, sus inquietudes ideológicas y artísticas, no es de extrañar su presencia en el ambiente cultural madrileño de 1906 y su interés por las tertulias intelectuales de los cafés. Algunos de los escritores modernistas compartieron mesa y tertulia con Mateo Morral, de ahí el gran impacto que en todos ellos causó el atentado, su autoría y la curiosidad por comprobar y reconocer quién era el anarquista catalán capaz de semejante acción. Esa es la causa por la que los hermanos Baroja y el propio Valle-Inclán acuden a ver el cadáver de Mateo Morral a la cripta del Hospital del Buen Suceso. Baroja, en el prólogo a La dama errante (1908), proporciona detalles más concretos:
“Yo no creo que hablé nunca con Morral (sic). El hombre era oscuro y silencioso; formaba parte del corro de oyentes que, todavía hace años, tenían las mesas de los cafés donde charlaban los literatos. (...). Después de cometido el atentado y encontrado a Morral muerto cerca de Torrejón de Ardoz, quise ir al hospital del Buen Suceso a ver su cadáver; pero no me dejaron pasar.En cambio, mi hermano Ricardo pasó e hizo un dibujo y luego un aguafuerte del anarquista en la cripta del Buen Suceso.Mi hermano se había acercado al médico militar que estaba de guardia a solicitar el paso, y le vio leyendo una novela mía, también de anarquistas, Aurora Roja. Hablaron los dos con este motivo, y el médico le acompañó a ver a Mateo Morral muerto.”
Años más tarde, en 1924, Valle-Inclán, en el prólogo a la novela de Ricardo Baroja, El pedigree, hace constar su presencia aquel día en la cripta del Buen Suceso:
“ ¡Grotescas horas españolas en que todo suena a moneda fullera! Todos los valores tienen hoja - la Historia, la Política, las Armas, las Academias -.Nunca había sido tan mercantilista la que entonces comenzó a llamarse Gran Prensa - G.P.- . ¡Maleante sugestión tiene el anagrama!. En aquellas ramplonas postrimerías, trabé conocimiento con Ricardo Baroja. Treinta años hace que somos amigos. Juntos y fraternos, conversando todas las noches en el rincón de un café, hemos pasado de jóvenes a viejos. Juntos y diletantes asistimos al barnizaje de las exposiciones y a los teatros, a las revueltas populares y a las verbenas: Par a par, hemos sido mirones en bodas reales y fusilamientos. Mateo Morral, pasajero hacia su fin, estuvo en nuestra tertulia la última noche. Le conocimos juntos, y juntos fuimos a verle muerto. Ricardo Baroja hizo entonces una bella aguafuerte: Yo guardo la primera prueba. Ajenos a la vida española, sin una sola atadura por donde recibir provecho, hemos visto con una mirada de buen humor treinta años de Historia.”
(Ramón del Valle-Inclán, Varia. Artículos, Cuentos, Poesía y Teatro. Edición de Joaquín del Valle-Inclán, Col. Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1998, págs. 450-51). También Valle-Inclán escribió un poema Rosa de Llamas (1918), cuyo principal motivo fue también Mateo Morral.
Rosa de Llamas
Claras lejanías...Dunas escampadas... La luz y la sombra gladiando en el monte. Tragedia divina de rojas espadas Y alados mancebos, sobre el horizonte. El camino blanco, el herrén barroso La sombra lejana de uno que camina, Y en medio del yermo, el perro rabioso, Terrible el gañido de su sed canina ..¡No muerdan los canes de la duna ascética La sombra sombría del que va sin bienes, El alma en combate, la expresión frenética, Y el ramo de venas saltante en las sienes!... En mi senda estabas, mendigo escotero. Con tu torbellino de acciones y ciencias: Las rojas blasfemias por pan justiciero, Y las utopías de nuevas conciencias. ¡Tú fuiste en mi vida una llamarada Por tu negro verbo de Mateo Morral! ¡Por su dolor negro! ¡Por su alma enconada, Que estalló en las ruedas del Carro Real!...

MATEO MORRAL ROCA (1880-1906)
El autor del atentado contra el rey Alfonso XIII en Madrid, en mayo de 1906, desmonta todos los tópicos que se han dicho sobre el anarquismo, que no son pocos.
Sabadellense, hijo de un industrial del textil, alto, moreno y elegantemente vestido, es enviado por sus padres a Francia y Alemania para elevar su nivel cultural, es decir ser educado para poder dirigir un día el negocio familiar. Pero cuando regresa del extranjero, donde entre otras cosas ha realizado estudios de ingeniería textil, se dedica ya como patrón de la fábrica a enseñar a sus obreros lo que es la solidaridad, la organización obrera y sistemas de lucha como la huelga. Los obreros le escuchan atónitos no acertando a entender que el dueño les hable de estas cosas.
Mateo Morral se había inclinado ya hacia el ideal anarquista, por ese motivo abandona las comodidades y la vida fácil para dedicarse en cuerpo y alma a la causa revolucionaria. Captado por Ferrer i Guardia, lo vemos en 1905 como bibliotecario y encargado de la librería en la Escuela Moderna de la calle Bailén. Su vida transcurre ahora entre libros, lee todo lo que cae en sus manos y cada vez está más convencido del cambio que se avecina en la sociedad futura.
Traduce el folleto de Robin Generación voluntaria y se entusiasma con las obras de Ibsen. Junto con su amigo Albano Rosell, pedagogo, fundan la agrupación Ibsen con la idea de difundir su obra. Su idea de transformación de la sociedad le lleva a realizar algún acto que suponga cambios más rápidos. En mayo de 1906 se traslada a Madrid y atenta contra el rey lanzando una bomba que ocasionó la muerte de 24 personas. Atormentado por esas víctimas logra escapar pero cuando iba a ser detenido, en San Fernando de Henares, se suicida.
Debido a la relación que mantuvo con Ferrer i Guardia se acusó a este último de estar involucrado en el atentado, lo que significó la excusa perfecta para cerrar definitivamente la Escuela Moderna. Morral en su imaginario intentó que la sociedad cambiara al ritmo que él pensaba que debía tener, y tal como otros muchos anarquistas pensaban, lo intentó contra quien representaba el poder y la represión.

29/01/2013

Un guiño a la historia XVIII: Gaetano Bresci, jaque y mate al rey



Un breve relato de la vida de Gaetano Bresci, quien en 1900 asesinó a rey Umberto I de Italia en respuesta a la masacre de los trabajadores en Milán.

Gaetano Bresci nació el 11 de noviembre de 1869 en Coiano, un pequeño pueblo en el municipio de Prato, en la Toscana, centro de Italia. Sus padres lo enviaron a trabajar a una edad temprana, durante el cual él trabajaba como tejedor de seda, la profesión que iba a continuar durante toda su vida.
En un momento en que las ideas anarquistas empezaban a extenderse por toda Italia, con la Toscana, en particular, convirtiéndose en un baluarte para la actividad radical, Bresci se involucró en un grupo anarquista. Poco se sabe de las actividades del grupo sin embargo, es claro que Bresci cumplido una condena corta en la cárcel como resultado de estar involucrado en un "disturbio anarquista".

Tras su liberación Bresci emigró a Estados Unidos, viviendo primero en Nueva Hoboken, donde se casó con una chica inmigrante irlandesa en 1897. Él y su esposa se alejó poco después, instalándose en la ciudad industrial grande de Paterson, Nueva Jersey, donde él tomó el trabajo como tejedor en uno de los numerosos molinos de la ciudad en un salario de 15 dólares a la semana.
Participaba en las actividades de un grupo anarquista local, Bresci y sus compañeros se dedicó a la introducción de las ideas anarquistas a la considerable población inmigrante italiana en Paterson, finalmente, la creación de un periódico, La Questione Social. Ganando una reputación como un experto propagandista, Bresci se convirtió en uno de los principales contribuyentes al papel, dedicando gran parte de su tiempo libre a la escritura y la organización entre los trabajadores inmigrantes.

Audición y presentación de informes de prensa de la mano de obra internacional y el movimiento anarquista La Questione Social, Bresci era muy consciente de la situación cada vez más inestable política y social en Italia. En 1898 recibió la noticia de un acontecimiento en su país que cambiaría para siempre su vida. Después de una prolongada campaña de huelgas y manifestaciones en toda Italia para protestar contra el aumento del costo de vida, tuvo lugar una manifestación de los trabajadores por las calles de Milán el 6 de mayo de 1898. La marcha tuvo un giro cada vez más violento y, temiendo un ataque contra el Palacio Real, las tropas recibieron la orden de disparar contra la multitud.

El tiroteo, conocido como la masacre Bava Beccaris, ordenado por el general de la policia, dejo cientos de muertos.

Deseando vengar los trabajadores que habían sido muertos por las calles de Milán ese día, Bresci comenzó a planear un asesinato que llegó a las más altas esferas del orden social italiano. 

Inesperadamente, en mayo de 1900, Bresci se acercó a sus compañeros de La Questione Social y exigió la devolución de un préstamo de $ 150 que se había utilizado para crear el periodico. Dio una explicación de sus actos dejando a sus compañeros profundamente sorprendidos, Bresci salió de los Estados Unidos el 17 de mayo de 1900 con la intención de asesinar a rey Umberto I de Italia.
Dos meses más tarde Bresci hizo su camino a la pequeña ciudad de Monza, a unos 10 kilómetros al norte de Milán. La ciudad era una de las villas reales del rey y en ella se alojaba unas semanas al año. Fue aquí donde cometió su atentado Bresci.
En la noche del 29 de julio, mientras que el rey estaba repartiendo premios a los atletas después de un evento deportivo, Bresci estalló entre la multitud y le disparó al rey tres veces, causándole la muerte casi de inmediato.

Representado por el famoso anarquista abogado Francesco Saverio Merlino, Bresci fue juzgado en Milán y el 29 de agosto fue condenado a trabajos forzados en Santo Stefano, la prisión de la isla famosa albergar en ella a presos anarquistas y socialistas. Él no iba a quedarse mucho tiempo. Menos de un año después fue encontrado ahorcado en su celda, su cuerpo fue arrojado al mar por los guardias de la prisión poco después. Aunque el suicidio fue la explicación oficial de su muerte, esto fue muy debatido por aquel entonces y hoy dia parece más probable que él fue asesinado por sus guardias.

Los relatos de la vida de Bresci nos dicen que él era un hombre sensible y altamente susceptible a las injusticias cometidas hacia los trabajadores.Fueron estas características las que le llevaron a dar su vida por un acto que él creía que aumentaría la conciencia social de la clase obrera italiana y acelerar el camino hacia la revolución.
Carrara (Ita.), columna conmemorativa en recuerdo de Gaetano Bresci.

08/12/2012

Un guiño a la historia XVII: Émile Henry, anarquismo express

Émile Henry (Barcelona,1872 — París, 21 de mayo de 1894) fue un anarquista francoespañol responsable por dos atentados con bomba, el más conocido en el café del Hotel Terminus, en la Gare Saint-Lazere parisina donde murió una persona y quedaron otras veinte heridas. Aunque fue breve su participación en el movimiento anarquista, recibió mucha atención por sus actos terroristas, motivo de gran preocupación de la sociedad de la época.

Al contrario de otros anarquistas "terroristas" provenientes de las clases más bajas, Henry era un intelectual, Había concurrido a la escuela Jean-Baptist Say donde era considerado por sus colegas como uno de los más brillantes y solidarios estudiantes. El testimonio de uno de sus profesores de esta escuela lo describía como alguien genial desde la infancia, el más honesto que había conocido. Por sus méritos en cierta ocasión al ser premiado con un uniforme de la Escuela Politécnica, Henry lo rechazó diciendo que no quería ser un militar, y que no quería ser mandado contra los pobres infortunados como los de Fourmies.

Motivaciones

De todos los anarquistas en Francia, Henry fue el que más se afectó por el guillotinamiento de Auguste Vaillant el 3 de febrero de 1894, por la destrucción de un solar gubernamental en un atentado donde no había habido heridos graves. Henry tomó para sí la tarea de vengar el asesinato de su compañero revolucionario. Su venganza sería aplicada sobre los asistentes del lujoso Café Terminus, frecuentado en la época casi exclusivamente por miembros de la élite francesa, considerado por los socialistas radicales de aquel entonces como un símbolo de la arrogancia burguesa. El objetivo de su atentado era matar tantas personas como fuese posible con la explosión de una bomba.

Atentados

El 8 de noviembre de 1892 una bomba destinada a explotar en las oficinas de la Compañía minera Carmaux fue dejada por un empleado del lugar en la delegación de la policía en la calle des bons enfants. La bomba explotó matando a cinco personas, y una sexta fue víctima de un ataque cardíaco. El supuesto empleado era en realidad Émile Henry, que escapó y fue perseguido por un oficial de policía y un mesero de un café que se sumó. Henry extrajo un arma y disparó por sobre los perseguidores, sin acertar a nadie, pero más adelante volvió a disparar hiriendo gravemente al policía.
A las 19:00 de la noche del 12 de febrero de 1894, un joven rubio entró en el lujoso Café Terminus, parte del hotel del mismo nombre. Arrojó un paquete con explosivos que extrajo de su bolso, dando contra una lámpara de cristal. Explotó, dispersando astillas de cristal sobre los parroquianos. Los clientes aturdidos corrieron hacia todos lados buscando escapar, siendo el resultado un muerto y veinte heridos.

El juicio

El 27 de Abril de 1894 Émile Henry compareció ante el Tribunal de Assize de Seine para ser juzgado por sus actos. Durante la audiencia las respuestas del terrorista anarquista fueron en tono desafiante y provocación, hecho que provocó el espanto de los presentes.

Cuando el juez que presidía la sesión le espetó, "...todos pudimos ver tus manos cubiertas de sangre hoy.", Henry le respondió, "mi mano está tan cubierta de sangre como enrojecidas están sus ropas".

Al ser interrogado por el motivo por el que había herido a tantas personas inocentes innecesariamente, respondió que, "...no había ningún inocente allí, porque no existe burguesía inocente".

Al recibir su sentencia gritó: ¡Camaradas, Coraje. Larga Vida a la Anarquía!


Ejecución

Émile Henry, a los 22 años de edad, fue guillotinado a las 4 horas y 14 minutos de la madrugada del 21 de mayo de 1894 en París. Su ejecución fue festejada por los periódicos de las principales capitales, como ejemplo de eficacia técnica y de justicia.